El juego en la etapa infantil: Ámbitos del desarrollo y función.

En la entrada de hoy hablaremos de como se presenta el juego en cada ámbito del desarrollo infantil y la función que éste representa en el niño. Los ámbitos del desarrollo dentro de la etapa infantil son los siguientes: ámbito psicomotor, ámbito cognitivo, ámbito afectivo y ámbito social. Comencemos…

  • ÁMBITOS DEL DESARROLLO:
  • Ámbito Psicomotor:

Las relaciones entre juego y desarrollo psicomotor son las más claras y menos discutidas entre los diferentes especialistas del desarrollo humano y las que menos lugar han ocupado dentro de sus investigaciones.

Desde la observación se puede comprobar como el bebé realiza unos juegos de movimientos que lleva a cabo de una manera repetitiva e involuntaria.

Se logrará el desarrollo perceptivo y del movimiento será cada vez más elaborado y complejo.

Todos los juegos psicomotores que el niño realiza de forma espontánea, fomentarán la adquisición de un control cada vez mayor de las partes de su cuerpo: controlará su postura, aumentará la fuerza de sus piernas y conseguirá el equilibrio y reforzará cada vez mejor la marcha. Comienza así lo que se denomina deambulación.

Con 3 años el niño es capaz de abrocharse uno o dos botones y duerme sin mojar la cama. Con 4 años se viste y se desnuda solo y completa tareas de dos acciones. Con 5 años el pequeño puede ir al colegio solo y contesta a preguntas de tipo “¿Qué harías si…?”. El niño de 6 años es capaz de recordar y conocer su propia dirección y utilizar el teléfono.

Gracias al juego y la continua práctica de estos, el niño saltará, correrá, dará volteretas, descubrirá en profundidad su entorno más próximo e irá ampliándolo, aprenderá a orientarse espacial y temporalmente e irá mejorando paulatinamente su desarrollo psicomotor.

  • Ámbito Cognitivo:

 El ámbito cognitivo ha dado lugar a numerosas investigaciones llevadas a la práctica por muy diversos autores y bajo muy diferentes perspectivas.

Es complicado hablar de desarrollo cognitivo y de construcción del pensamiento sin haber sintetizado dos perspectivas teóricas: La piagetana la cual es mas individualista, donde la persona es el actor principal de su desarrollo cognitivo y la Vygotskiana donde se tiene en cuenta como prioritario el contexto social.

Ya el niño siendo un bebé va construyendo esquemas mentales gracias a los movimientos que va realizando y capta poco a poco lo que hay a su alrededor a través de la percepción y de su coordinación motora, el niño aprende. La asimilación de los esquemas de acción supone el comienzo en la construcción de estructuras básicas de conocimiento. Para la elaboración de estructuras adecuadas es necesaria la interacción del ámbito social.

Ya a partir de los 2 años se dan dos avances cognitivos importantes como son la aparición del juego simbólico y el dominio del lenguaje.

Ya en los 3 años identifica los tamaños grande y pequeño y los objetos los identifica por el tacto. A los 4 años responde a preguntas lógicas y completa analogías opuestas. Con 5 años identifica con gran facilidad los colores e identifica los objetos primero y ultimo de una fila. Ya con 6 años el niño es capaz de recordar hechos de una historia contada y resolver pequeñas sumas y restas sencillas (números del 0 al 5).

El niño a través del juego puede ajustar su pensamiento, puede cometer errores y solucionarlos sin que ello le aporte efectos negativos.

  •  Ámbito Afectivo:

El desarrollo afectivo es un proceso interno de los estados afectivos del individuo, que se manifiestan a través de conductas externas con un fin: la búsqueda de contactos y la proximidad con el entorno (individuos, cultura); interaccionando de forma privilegiada con los que le rodean para poder incorporarse y sobrevivir en un medio que cubra toda sus necesidades básicas (fisiológicas, cognitivas, sociales y afectivas)

Dicho esto, el afecto es imprescindible para el desarrollo y el equilibrio emocional de la persona durante toda su vida, pero es durante la infancia que su carencia aunque sea parcial marca de una forma muy negativa la personalidad futura del niño.

Será en el ámbito de las actividades lúdicas donde se perfilen la mayor parte de relaciones y de contactos afectivos.

A través del juego el niño irá asimilando situaciones y le permitirán atribuir unas cualidades, unos sentimientos y también una serie de comportamientos.

Durante la etapa infantil el juego le permitirá al pequeño a ampliar horizontes y superar las restricciones rígidas que marca la realidad. Su fantasía en imaginación le transporta a un mundo donde puede enfrentarse al adulto asumiendo sus papeles de una manera idealizada y llegar a resolver conflictos que vive.

La afectividad del niño se reconoce por las experiencias de afecto que manifiesta a través de su conducta externa. El desarrollo afectivo conlleva:

  • Experimentar necesidades afectivas, intereses, deseos, sentimientos y emociones que van incorporándose a los estados afectivos que ya tiene al nacer.
  • Corroborar cómo la manifestación externa de su repertorio afectivo le permite recibir la atención necesaria para su supervivencia y su desarrollo.
  • Dar significado a lo que siente, aprender a manifestarlo, expresarlo y reconocerlo en lo que nos rodea (personas, objetos, entorno…)

El desarrollo afectivo se va realizando paralelo a las interacciones con los otros y con el entorno, y aquí es donde radica la implicación: si el niño no estuviera en un medio concreto, con unas personas concretas y unos juguetes u objetos concretos no podría tener respuesta a sus manifestaciones de afecto, y no podría tener nuevas experiencias que le ayuden a formarse afectivamente.

El desarrollo afectivo es el resultado de la interacción social entre el niño y el entorno que le rodea. Los factores externos son aportados por el entorno, los factores internos por el individuo.
El niño expresa unos afectos antes de pensar lo que pueden ser y antes de poder expresar verbalmente lo que siente. El adulto interpreta sus afectos, le indica y enseña a diferenciar esos afectos en un proceso de continuo desarrollo.

Durante los seis primeros años de su vida, el niño muchas veces, y por distintas razones, se siente incómodo, intranquilo, perdido… necesita cubrir “necesidades” que deben satisfacer los individuos adultos de su entorno.

  •  Ámbito social:

La socialización es el proceso por el cual los individuos, en su interacción con otros desarrollan las maneras de pensar, sentir y actuar que son esenciales para su participación eficaz en la sociedad.

El pequeño mediante juegos compartidos, se comunica, espera el momento en que son cubiertas sus necesidades y sonríe satisfecho se éstas han sido de su agrado o muestra su peor cara incluso el llanto, si no han sido satisfechas como él requería. El adulto por su parte refuerza y ajusta las respuestas del niño mediante sus acciones.

A partir de los 2 años el niño comienza a ampliar sus contactos sociales, en este momento los educadores han de tener muy claro que el juego servirá de instrumento para introducirlo en el mundo de la socialización. En un principio la inmadurez del niño y su egocentrismo hace que el juego comience siendo individual y no le permiten por lo tanto relacionarse con sus iguales de forma apropiada. Hacia los 6 años el niño acabará relacionándose con sus iguales de forma más o menos ajustada. Tendrá en cuenta el punto de vista del otro y sus juegos serán por fin compartidos.

Compartiendo los juegos el niño realiza un aprendizaje social, aprende a relacionarse con los demás, a aguardar su turno de intervención y el momento de satisfacer sus deseos.

  • FUNCIÓN DEL JUEGO:
  • Facilita el proceso de socialización del niño, joven o adulto, puesto que el juego (principalmente el reglado), implica el establecimiento de relaciones interindividuales, contribuyendo al desarrollo de la acción, la solución de conflictos, la aceptación de responsabilidades, la toma de decisiones, la interpretación de las intenciones comunicativas de los compañeros de juego, la adopción de actitudes pro-sociales, entre otros aspectos. Además, el juego constituye el medio ideal para establecer relaciones entre iguales, y entre niños y adultos, en las que los interlocutores se alejan de prejuicios y estereotipos sociales o aproximan posturas.
  • Potencia el desarrollo infantil, estimulando su espontaneidad, imaginación, creatividad, agilidad mental, motricidad, percepción, observación, capacidad de atención, sensibilidad, dotes artísticas (…), entre otros ámbitos del desarrollo.
  •  A través del juego, el niño aprende a diferenciar los atributos de dos mundos diferentes, la fantasía y la realidad.
  •  Ayuda a regular las tensiones del individuo. Posee por tanto un efecto relajante o activador, y en consecuencia un valor terapéutico. El juego es autorregulador y clarificador de la conducta. A través del juego se expresa de un modo simbólico las tensiones y deseos que no puede expresar libremente en la realidad. Los juegos y el modo de jugar de los niños pueden hacer posible el diagnóstico de la situación en la que se encuentran, mediante su interpretación.
  • Posibilita las estructuraciones del lenguaje y del pensamiento. En todo momento del crecimiento, el juego estimula la capacidad de observación, comparación, diferenciación, identificación, atención, simbolización, análisis que son piezas clave en el desarrollo de la lengua y el pensamiento. Ejerce una función relajante, puesto que ayuda a conectar, ligar o unir escenas lúdicas con otras experiencias vividas, por él mismo y por sus semejantes. Favorece continuadamente el establecimiento de conexiones entre pasado y presente, contribuye a desarrollar situaciones potenciales, convirtiéndose así el juego en apoyo para la estructuración espacial y temporal.
  • Permite una evasión saludable de la realidad cotidiana. Como expresaba Ortega y Gasset (1967), el juego es el arte o la técnica que el hombre posee para suspender virtualmente su esclavitud dentro de la realidad, para evadirse, traerse a sí mismo hacia el mundo irreal. El juego sirve para alejarse de los problemas y de la monotonía de la vida diaria. Ortega (1990: 21) afirma que “jugar no es estudiar ni trabajar, pero jugando, el niño aprende, sobretodo, a conocer y comprender el mundo social que le rodea”.
  • Contribuye a la exploración y el descubrimiento. A través del juego, los niños aprenden a conocer su propio cuerpo y sus posibilidades, los objetos que le rodean y forman parte de la sociedad en la que vive, este hecho le permitirá ser uno más de la comunidad, en un futuro próximo. Estos descubrimientos son efectuados a partir de estímulos externos y de sus propias aptitudes y tendencias. Así, el juego se presenta como la inclinación continua hacia la resolución de situaciones problemáticas, como desafío.
  • Posibilita el aprendizaje significativo del niño. La actividad lúdica capta el interés y la atención del niño, distanciándole de la tensión que para algunos conlleva las “situaciones típicamente escolares”. Al sentirse más libres, al perder el miedo al fracaso, sus actitudes se centran. Ello favorece la modificación de los esquemas de crecimiento previo en sentido positivo; estructuras cognoscitivas que, podrán ser transferidas a la resolución de situaciones cotidianas. Puede afirmarse que el juego posibilita el desarrollo evolutivo en los distintos ámbitos: cognoscitivo-lingüístico, social-afectivo, físico y motriz. Siempre se le ha atribuido al juego un valor como principio metodológico y por tanto pedagógico, educativo esencial para la formación integral del alumno, principalmente en las primeras etapas.

Hasta aquí la publicación de hoy, hemos explicado ya el concepto de juego, como evoluciona dentro de los ámbitos del desarrollo y la función que desempeña. En la próxima entrada daremos punto y final a la temática del juego desarrollando los tipos de juego que podemos encontrar y su clasificación.
¡Nos vemos pronto!

¡Os espero!

Raquel Martínez de Dios – Técnico y Maestra Infantil.

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